¿Conoces a alguna persona que
destaque por su sonrisa? Yo sí.
Sabes lo bonito que es recordar a
una persona por su forma de sonreír, por lo que transmite enseñando ligeramente
los dientes, utilizando apenas 15 músculos.
Solo con ello es capaz de transmitirte
más que cualquier otra persona.
¿Y por su forma de mirar? Yo
también. Aún recuerdo la forma en la que solía mirarme, con esa dulzura e
inocencia en sus ojos, solo él sabía transmitirme esa paz y satisfacción.
Era una mirada sincera, sin
complicidad, que daba a entender que quería estar allí contigo, conmigo, éramos
solo los dos, él mirando y contemplando cada uno de sus rasgos.
Desde los zapatos, que un día
desate solo por poder rozarle, hasta la última punta de su pelo, que recuerdo
que odiaba que lo peinara para el otro lazo, aun eso solo era otra excusa para
poder tocarle.
Pongámosle nombre, éxtasis era
rozar sus labios dulces y sedientos que correspondí encantada.
Estar entre sus brazos era mejor
que todas las puestas de sol en días despejados, incluso cuando ese naranja
perfecto está en todo su esplendor. Incluso comparándolo con eso, estar entre
sus brazos era el mejor paisaje.
Y sonará a cliché, seguramente lo
sea, pero si tuviera que elegir un lugar donde pasar el resto de mi vida es en
ÉL.
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