Cuándo se está preparado para ver a alguien morir o para ver la propia muerte en ti, supongo que nunca se es lo suficientemente inmune al dolor o la perdida de alguien como para enfrentarse a eso.
Aun que puedas acostumbrarte a ver a la gente irse y no volver, el dolor que deja para los que aun se quedan es, simplemente, insoportable.
Es un vacío más en un simple y frío corazón que lo único que agradece y reclama es un minuto de paz para aquellas personas que ya no están aquí.
Ya no es el sufrimiento propio, si no también es el ajeno, el cercano, el lejano, todo afecta y todo influye pero lo peor es, que a pesar de todo ello esa persona se ha ido y sigue sin volver y nunca más lo hará.
¿Has bailado con el demonio a la luz de la luna?
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